El amoníaco es un limpiador poderoso y económico que seguro ya conoces por su olor fuerte. Estos son sus usos más comunes:
En la limpieza del hogar:
Vidrios y espejos: Los deja impecables, sin marcas ni residuos.
Cocinas y hornos: Disuelve la grasa más difícil.
Suelos (loseta, azulejo, linóleo): Limpia a fondo y desinfecta.
Plata: Le quita el óxido y la deja brillante.
Alfombras y tapices: Quita manchas (siempre prueba antes en una esquina).
En el jardín (indirectamente):
El 80% del amoníaco que se produce en el mundo se usa para hacer fertilizantes que dan nitrógeno a las plantas.
En la industria:
Se usa en sistemas de refrigeración (plantas de alimentos, pistas de hielo).
También sirve para fabricar plásticos, fibras como el nailon, papel y medicinas.
En piscinas y acuarios:
Se usa para subir el pH cuando el agua está muy ácida.